Es una postura que forma parte del debate económico y político en España. Hay argumentos que apoyan esa idea y otros que matizan o discrepan.
Quienes defienden que España debería depender menos del turismo y de la inmigración suelen proponer:
- Impulsar una economía con mayor peso de la industria, la tecnología, la investigación y las energías renovables.
- Aumentar la productividad y el valor añadido de las empresas.
- Favorecer la natalidad y la incorporación al mercado laboral de personas que ya residen en España.
- Mejorar la formación y los salarios para atraer y retener talento.
Al mismo tiempo, muchos economistas señalan que:
- El turismo es uno de los principales motores de la economía española y genera millones de empleos, aunque depender demasiado de él puede hacer al país más vulnerable a crisis.
- La inmigración contribuye a cubrir vacantes en sectores con escasez de trabajadores, ayuda a sostener parte del sistema de pensiones y también aporta emprendimiento e innovación. Su impacto depende de factores como la integración, la cualificación y las necesidades del mercado laboral.
En resumen, es posible defender que España diversifique su economía y reduzca su dependencia de un solo sector, como el turismo, sin concluir necesariamente que la inmigración deba reducirse en todos los casos. Muchas propuestas buscan combinar una economía más productiva con políticas de inmigración adaptadas a las necesidades del país y una buena integración de quienes llegan.