Entre los factores que suelen influir están:
- La gravedad y evolución de los casos. No es lo mismo una investigación inicial que condenas firmes contra altos cargos.
- La respuesta del partido. La rapidez con la que aparta a los implicados, asume responsabilidades y propone medidas anticorrupción puede influir en la percepción pública.
- La situación económica y social. El empleo, la inflación, la vivienda o los servicios públicos suelen pesar mucho en el voto.
- La fortaleza de la oposición. Un gobierno puede perder apoyo sin que eso se traduzca automáticamente en una victoria clara de sus adversarios.
- El contexto electoral. En España, el sistema parlamentario y la fragmentación del voto hacen que la formación de gobiernos dependa también de pactos entre partidos.
Además, los votantes no reaccionan de forma uniforme. Algunos cambian de partido, otros optan por la abstención y otros mantienen su apoyo si consideran que otros asuntos son más importantes o si perciben que los demás partidos tienen problemas similares.
Históricamente, en España ha habido partidos que han sufrido un fuerte desgaste electoral tras escándalos de corrupción, pero también casos en los que han conseguido recuperarse o incluso mantenerse en el poder durante un tiempo. El efecto depende del contexto político del momento, no solo de la existencia de los casos.
En resumen, es razonable esperar que los casos de corrupción puedan perjudicar electoralmente al PSOE si afectan a la confianza de los votantes, pero afirmar que está inevitablemente condenado al fracaso electoral va más allá de lo que permiten concluir las pruebas disponibles. Ese desenlace dependerá de cómo evolucionen las investigaciones, de la respuesta política del partido y del comportamiento del resto de actores políticos y del electorado.