Sí puede afectar, y sobre todo por una vía: la energía.
Cuando hay tensión o guerra entre Estados Unidos e Irán, suben el petróleo y el gas, y eso acaba trasladándose a muchos precios de la cesta de la compra.
Los efectos más habituales son:
- gasolina y diésel más caros;
- electricidad y gas más caros;
- aumento del coste del transporte;
- encarecimiento de alimentos producidos o transportados con mucho gasto energético.
Por ejemplo:
- frutas y verduras → más coste de transporte y refrigeración;
- carne y lácteos → suben los piensos, fertilizantes y energía;
- pan y productos básicos → más caro producir y distribuir.
Uno de los puntos clave es el Estrecho de Ormuz, por donde pasa una parte enorme del petróleo mundial. Si hay bloqueos o ataques en esa zona, el mercado teme escasez y el crudo se dispara.
En España ya hay análisis económicos que alertan de:
- más inflación,
- subida del IPC,
- menor poder adquisitivo,
- posible frenazo del consumo.
Según estimaciones recogidas por Funcas, una subida del 10 % en el petróleo puede añadir alrededor de una décima a la inflación española. La OCDE también ha advertido de un aumento de la inflación en España ligado al conflicto.
Ahora mismo el impacto depende de dos cosas:
- cuánto dure el conflicto;
- si afecta seriamente al suministro de petróleo y gas.
Si la tensión baja rápido, el efecto puede quedarse en unas semanas de precios altos. Si escala y afecta de verdad al suministro energético mundial, la cesta de la compra podría encarecerse bastante más, parecido a lo que ocurrió tras la guerra de Ucrania en 2022.